Una vez que metemos cualquier corte de la sagrada patrona
del asado criollo por la "picadora de carne", lo transformamos inmediata y
uniformemente en “carne picada”. No vamos a negar que "carne picada" hay de mucho
tipos, mas grasosas, mas nobles, mas cutres, etc. Hay sin lugar a dudas una
variedad innumerable de procedencias, pero todas se uniforman a la hora de la
verdad, en el momento del: “déme un kilo de carne picada” en la respuesta del
carnicero (cuando la hay) “¿de común o de especial?”
Pasada por la fatídica maquina, cualquier corte vacuno pasa
automáticamente a ser a lo sumo, “picada común” o “picada especial”.
Lejos de restringir su uso a la carnicería y de ir con el
tiempo quedando obsoleta, como toda otra máquina utilizada por el hombre, la “picadora
de carne” se extiende a diario a los confines más extraños de nuestra fauna
nacional, haciendo “carne picada” en todos los ámbitos que alcanza, aún en los
más inhóspitos.
De un tiempo a esta parte resulta casi imposible escaparle a
la discusión “especial" vs. "común” planteada allí donde la maquina comienza a
hacer estragos. Es realmente difícil (sino imposible) esquivar ese debate por
estos días. Para algunos, lo más sencillo es internalizar la meta-discusión y
apasionarse detrás de las banderas de la “común” o de la “especial” llegado el
caso. Así la “picadora de carne” avanza sin cesar, cual agujero negro,
absorbiendo todo lo que tenga a su paso y transformándolo en simple, lisa y
llana “carne picada”.
El otro día leía a un tipo (llamémoslo Cuadril para seguir
la analogía) que intentaba reflexionar en este sentido. Cuadril lo pensaba
desde nuestra cultura futbolística, se refería a nuestro boca-river a nuestra
rivalidad eterna, esa de la que somos parte aún sin simpatizar ni por boca ni
por river. Obviamente esta reflexión estaba cargada de críticas a la “picadora
de carne”, pero también les repartía a los férreos defensores, tanto de la “común”,
como de la “especial”.
Cuadril debía estar contento con sus escuetas líneas, pero
subestimó la potencia y la vigencia de la “máquina picadora” y horas más tarde,
devino en una masa de igual peso y volumen pero de “carne picada”. Con solo presionanar, todo corte es convertible, solo es una cuestión de
fuerza, cuestión de forzar, cuestión de empujar.
Así que ya saben, anda cerca la “maquina picadora” son días de
“carne picada”, de “común” vs. “especial”, no hay espacio para nada mas, ni un
poco de espacio, así que abran el freezer o el congelador y guarden los lomos,
las entrañas y las tiras de asado, que siempre que llovió, paró y ya va
llegando el día en que muy de a poco iremos sintiendo las inevitables ganas y el incontenible deseo de
comernos, todos juntos, un suculento asado.
