jueves, 7 de julio de 2011

De costumbres, de extorsiones y de obsecuencias

Presión que, mediante amenazas, se ejerce sobre alguien para obligarle
a obrar en determinado sentido.
Sumisión, amabilidad, condescendencia




De unos días a esta parte se intensifica el aroma al que nos vamos acostumbrando, el aroma de este perfume, un nuevo blend compuesto fundamentalmente de dos esencias: obsecuencia y extorsión.
Yo se, soy conciente de que nos acostumbramos a todo, de que en los interminables procesos de conformación de nuestra cultura política (?) le vamos dando forma a nuestra realidad. Tampoco soy la Madre Teresa, se que a veces, algunos de los recovecos a los que nos lleva la viveza criolla huelen mal.
Pero encontrarnos nadando en mierda y mirarnos con cara de “qué lindo perfume a rosas” no, eso si que no.
Ayer veía en la tv a un pibe de mi generación, quien no de casualidad, ni solo por rima, se lleva algo de mi admiración. La construcción de su relato en una entrevista de menos de 10 tiranos televisivos minutos, fue tan decreciente que terminó por cambiar el último concepto de mi rima por el de decepción.
Para la entrada, una desmedida cantidad de agradecimientos: la primera vez me parece bien, la segunda: che, que pasa? Y la tercera, ya en mal tono: QUE ESTAS BUSCANDO? A los obsecuentes, como a los tibios, les deberían pasar cosas feas con el diablo (?)
Si a esa exacerbada gratitud, la condimentamos con algo de aquella soberbia de: “la política empezó en este ispa el día que llegamos nosotros” (si, las comillas son mías, y que?) le vamos dando forma al plato principal.
La frutillita del postre fue cuando empezó la cantinela (aparentemente favorita en aquellos lugares donde el oficialismo no gobierna) de que todo cambiará, de que todo será posible a partir de estar en “sintonía” (?) con la Nación.
Para, para, que para seguir con la rima te digo que a esta altura esto (acá, en la china y en Emiratos Árabes Unidos) es extorsión.
Ni por asomo se me ocurre que la culpa de estos males sea suya, querido tocayo, de todas formas, yo creo (sigo creyendo) que a usted le da para mas.
La culpa debe ser de mi amigo (ver foto mas arriba) el Mono Polio.
Y la culpa, por qué no, también (y sobre todo) es nuestra: de los que nos dejamos extorsionar, de los que mamamos de la teta de algún pseudo caudillo al que le debemos agradecimiento eterno, de los que nos creemos que nos las sabemos todas, de los que estamos convencidos de que acá, si no sos de los que apretás, sos de los apretados, en síntesis, de los que nos acostumbramos a oler rosas incluso cuando la mierda nos llega al cuello.

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