sábado, 15 de junio de 2013

día del padre


somos así, nos ponemos literarios en el sentimiento... y nos hacemos cargo... van dos post para el día del padre... Dos hombres -gracias Victoria- y 24 de junio

24 de junio


El domingo 24 de junio de 1990, hace casi 23 años, nos juntamos a festejar en la casa del viejo. Nos juntamos a festejar un par de cosas: el viejo cumplía ese día sus 39 años y justo caía el Día del Padre.
39 años, sólo algunos más que los que tengo hoy, mientras intento recordar y escribo esta breve historia.
Papá había alquilado una casa en Ituzaingó, en el Barrio Aeronáutico, en los confines de la calle Brandsen, a una o dos casas de un parque inmenso que nos albergó durante largos fines de semana de nuestra temprana adolescencia.
La casa estaba semivacía. Papá hacía unos meses que había juntado fuerzas para dejar la habitación en lo de su hermano, el tío Cardio, que lo albergó cuando se separaron con la vieja.
Me acuerdo de que lo más importante en esa mudanza era sacar el poster de Boquita que le habíamos pegado arriba de la cama como para levantarle el ánimo. Lo demás entraba todo en una vieja valija de cuero.
La casita del Barrio Aeronáutico se fue llenando de a poco, con aportes variados de sus amigos, principalmente de Edgardo, que además le tiró al viejo una soga con el laburo de la venta de carne por mayor, lo que iba dejando unos mangos como para comprar lo que faltaba.
Uno de los aportes fundamentales fue una tele en blanco y negro, con mesita incorporada, que va a ser clave en esta breve historia, porque es la misma tele que iba a permitirnos ver el mundial de fútbol que se jugaba ese año en Italia.
Estábamos todos muy entusiasmados con Italia 90: defendíamos el título obtenido en el 86 por la dupla Maradona-Bilardo, que se repetía en el 90. Con Pablo llevábamos un tiempo juntando las figuritas de Italia 90 y pegándolas en el álbum, lo que nos permitía conocer los principales jugadores de los planteles de todas las selecciones participantes, en un claro anticipo de lo que años más tarde sería el fenómeno de la globalización.
El viejo, que como si fuera poco, en el mismo año no solo se había separado de mamá, sino también del peronismo, le sumaba un tercer condimento a su Italia 90: era el primer mundial sin su viejo. El viejo del viejo, el abuelo Josengo, que reventó de alegría y de tristeza, a fines de junio del 86, en una historia que ya contó Victoria. Una historia en la que la fatalidad y la emoción se conjugan en un destino digno de la atención de un guionista hollywoodense. Un destino que lo llevó al viejo al velorio de otro viejo, donde se encontró con el velorio de su propio viejo: mi abuelo Josengo.
Josengo igual siempre anda por ahí, es ese abuelo que está conmigo todo el tiempo, me acompaña  donde voy, en nombre y apellido, y al que a veces imagino practicar un discurso frente a un espejo -como me contaron papá y las tías que solía hacer- y, satisfecho con la faena, volver a laburar al almacén.   
Volviendo a ese 24 de junio de 1990 y, para recapitular, sin mamá, sin Perón y sin Josengo, el viejo festejaba sus 39. Para colmo, la selección argentina se jugaba la clasificación en octavos, a plata o mierda, contra su eterno rival: la siempre temible selección brasilera.
Éramos unos cuantos y estábamos comiendo un guiso. La vajilla no alcanzaba, así que hacíamos turnos rotativos: terminaba uno y arrancaba otro. Las sillas tampoco alcanzaban, así que unos cuantos estábamos sentados en el piso, alrededor de la tele, tratando de ver lo poco que nos permitía la lluvia producida por la conexión provisoria.
Maradona jugaba infiltrado, tenía el tobillo como una maceta y para colmo de males, los brazucas venían derechito, tres jugados y tres ganados. Bilardo tiró todo el equipo para atrás, con medio Diego de enganche y Caniggia solo adelante. La cosa pintaba difícil.
Tengo recuerdos fragmentados de ese día, ni más ni menos fragmentados que los de otros días, pero me acuerdo perfecto de algunas cosas: me acuerdo del partido, me acuerdo del baile que nos estaba dando Brasil, me acuerdo de las pelotas en los palos, me acuerdo del silencio de todos los invitados al festejo, me acuerdo del cagazo de que Brasil nos dejara afuera en octavos y, sobre todo, me acuerdo del ferviente deseo de que la selección le regalara un triunfo al viejo en su día, ese día en que cumplía 39, cargado de desilusiones, sin mamá, sin Perón y sin Josengo.
Cuando el Diego apuró el pase justo para Caniggia, que eludió magistralmente a Taffarel para inflar la red de gol, explotamos de alegría.
Festejamos algo más que un gol. Festejamos un gol que te muestra que hay momentos donde lo importante es seguir para adelante, sin resignaciones, no importa cómo, hay que pelearla porque la vida sigue, llena de dificultades, plagada de complicaciones, pero sigue.
Me quedé quietito... entre la lluvia de la tele en blanco y negro, los gritos y los saltos de todos los invitados, llegué a ver que el Cani se reía conmigo.

dos hombres


por Victoria
a Rodolfo y Josengo

Esa mañana, como todas las mañanas, el hombre viejo se levantó a las ocho en su monoambiente de Congreso. Hacía años ya que no trabajaba como secretario en el estudio jurídico de su hija, pero no había perdido la costumbre de amanecer temprano y vestirse siempre de traje y corbata. También como todas las mañanas, puso el agua en la pava de aluminio para el té con leche y se fue al baño a peinarse y afeitarse.
A unos kilómetros de distancia, en una casita con jardín del conurbano, su hijo todavía dormía. El invierno estaba frío, y bajo las colchas abrigaba los músculos cansados de festejar el día anterior: Argentina había salido campeón en México. La mujer, casi en silencio, había preparado a los tres chicos mayores antes de que llegara el micro que los llevaba a la escuela. La menor también seguía durmiendo.  La pava en la hornalla empezaba a zapatear, el agua estaba lista para el café. A diferencia de su padre, el hombre joven  todavía podía desayunar café con leche. Al hombre viejo se lo habían prohibido unos años atrás, después del infarto, porque lo alteraba.
Mientras se afeitaba frente al espejo,  el hombre viejo saboreaba despacito la victoria del seleccionado, recordaba los goles y volvía a emocionarse. En sus 70 años de vida, Argentina había jugado nueve campeonatos y había ganado dos copas. El hombre viejo se congratulaba por haberse cuidado tanto. El pollito desgrasado y sin sal de todos los mediodías no había sido en vano. Gracias a eso, había visto salir campeón a Argentina una vez más. Ahora, se engominaba despacio con el peine celeste que había comprado en el tren unos días antes, de camino a visitar a sus nietos, y recordaba las cargadas de su amigo rengo. A pesar de ser tan distintos, se tenían mucho afecto. Además de amigo, era su consuegro. Se habían conocido en el estudio de la hija. El rengo había decidido vivir lo que le quedaba de vida sin privarse de nada. La diabetes ya le había costado una pierna, pero todas las tardes cuando se encontraban en  Los Angelitos, el rengo se tomaba su café con crema y azúcar. Se reía de todo a borbotones, se enojaba con ganas, se sulfuraba contra los peronistas. Él no. Él nunca perdía su eje.  Vivía lento y pausado.
Entonces sonó el teléfono. Sonó casi a coro en Bernal y Congreso.
El hombre joven se despertó con la noticia en la boca de su mujer. Era su hermana, la abogada, para contarle que había muerto el padre del  marido. La noche anterior, entre festejo y festejo, el corazón del rengo se había quedado mudo. Lo velaban esa misma tarde en Barrio Norte. Salió apurado de la cama. El rengo no le importaba mucho, le parecía un viejo canalla y gorila, pero si seguía durmiendo iba a llegar tarde al trabajo y no quería quedarse más horas. Bastante lo fastidiaba tener que pasar por el velorio antes de volver a su casa.
El hombre viejo se sentó casi noqueado por la noticia que le había dado su yerno. Justo cuando estaba pensando en el rengo. Anotó la dirección de la cochería y fue arrastrando las pantuflas hasta  la cocina, apagó la pava y siguió directo hasta el placard, a sacar de la funda el traje negro, el mismo que había usado para el casamiento de sus hijos y el velorio de su mujer. Por suerte, nunca se olvidaba de llevarlo a la tintorería después de usarlo. Estaba impecable. Lo apoyó con cuidado en la silla. Lustró con parsimonia los mocasines negros de cuero.
Mientras se ponía los mocasines negros, apurado, el hombre joven decidió que iba a llamar a su padre para saber cómo estaba recién cuando llegara a la oficina. No quería que se le hiciera todavía más tarde y, de todos modos, seguramente se iban a ver en el velorio. Se tragó el café con leche mientras se acomodaba el pelo engominado con los dedos, agarró el portafolios y el abrigo, besó a su mujer y a su hija y se fue a tomar el colectivo.
El hombre viejo cepillaba los zapatos con movimientos de máquina cansada. El día se le estaba haciendo interminable. Sentía una piedra fría, redonda y gigante de tristeza en los hombros. Encendió la radio para distraer los pensamientos. El tema del momento era el campeonato. En ningún programa hablaban de otra cosa, así que dejó Radio Mitre, por lo menos las voces le resultaban amigas, aunque ya no pudiera prestar atención a lo que decían.
Apenas llegó a la oficina, el hombre joven saludó a sus amigos del trabajo con el obligado “vamos Argentina, carajo”. Aún se vivía un clima de festejo. Durante el resto del día, se olvidó de que esa tarde lo esperaba un velorio y se dedicó a comentar todos los detalles del partido con los compañeros.
Cerca de las cinco de la tarde, el hombre viejo decidió que ya era hora de levantarse y cambiarse. El velorio empezaba a las seis. Sin ganas, había preparado y comido el pollo desgrasado, pensando que la vida seguía, a pesar de todo. Después se había acostado un rato para tratar de dormir la siesta. Al fin y al cabo, esa noche iba a pasarla en vela y no quería hacer el ridículo quedándose dormido por los rincones. No había podido pegar un ojo. Las horas le habían pasado como goteando recuerdos del rengo.  Se desenredó de las sábanas y empezó a desabotonarse el piyama de viyela azul con las manos cansadas. Frente al espejo del placard se vio el pecho blanco, hundido como el de su hijo y atravesado por la grieta del infarto, y se acordó de que su hijo no quería al rengo. Igualmente, sabía que lo iba a ver en el velorio. Si algo les había enseñado a él y a su otra hija era a respetar las ceremonias. Descolgó la camisa blanca, almidonada, que él mismo había planchado unos días antes, y empezó a vestirse.
Cuando el hombre joven miró el reloj, ya eran las cinco y media de la tarde, horario cumplido. Los muchachos lo habían invitado a tomarse una cerveza para festejar el campeonato a la salida de la oficina y él había aceptado. De paso, dilataba un poco más el momento de ir al velorio. La cochería quedaba en la otra punta de la ciudad y, a esa hora, iba a tener como 40 minutos de  colectivo hasta llegar. Al acordarse de eso, se dio cuenta de que no había llamado a su padre en todo el día. Se sintió un poco culpable, pero se consoló pensando que lo iba a ver ahí. Sabía que el viejo se iba a sentir orgulloso de que fuera. Después de todo, le había enseñado que estaba mal escaparle a esas ceremonias, y él lo había aprendido.  Se puso el sobretodo, agarró el portafolios y salió para el bar.
Otra vez, casi a coro, chocaron los porrones de vidrio del festejo mientras el cráneo del hombre viejo  caía con todo su peso sobre el piso de madera de la cochería, junto al ataúd de su amigo.

Cuando el hombre joven llegó al velorio, pensando en que iba a tomar un café apenas pudiera para quitarse el gusto y el olor a festejo de la boca, su hermana había dejado de montar guardia en la puerta para ir al baño. Entró en la cochería y algo le llamó la atención: bajo el nombre del rengo, en letras blancas sobre el fondo negro de felpa, estaba también el nombre de su padre. Imaginó que se trataba de alguna costumbre ya gastada que nunca le había enseñado. Una especie de padrinazgo o algo así, un homenaje que el viejo le hacía a su amigo muerto. Entonces dio unos pasos hasta la sala y sintió que se acercaban piernas apuradas, ojos desencajados, pero en el fondo llegó a ver, antes de que lo frenaran, antes de que la noticia le llegara con el filtro amortiguado de las palabras, llegó a ver, allá, en el fondo, los dos cajones de los amigos muertos.

martes, 11 de junio de 2013

PASO al frente



Decíamos el otro día acá que sería importante asimilar políticamente las ventajas que el sistema de Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) supone a la hora de crear frentes electorales y sobre las formas de influir en el comportamiento de los partidos o conglomerados de partidos, puertas adentro de esos frentes, a través de la definición del reglamento.

Días después, en tres de los distritos mas importantes de nuestro país se articularon frentes: se confirmó públicamente la conformación del frente UNEN en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), se ratificó la permanencia del Frente Progresista Cívico y Social -una de las experiencias frentistas mas duraderas y exitosas- en la Provincia de Santa Fe y se discute la conformación de otro frente de características similares en la provincia de Buenos Aires.

Las experiencias más homogéneas de Santa Fe y la provincia de Buenos Aires parecen haber acordado sus candidatos nacionales en una sola lista y sólo se disponen a disputar en las primarias algunos cargos a nivel provincial y local. Para ello, en la provincia de Buenos Aires se estaría evaluando la utilización de un sistema de reparto de cargos por mayoría y minoría (3 para la mayoría y 1para la minoría) a nivel seccional (cargos legislativos provinciales) y uno de representación proporcional,como el D'hont con piso bajo, que promovería la proliferación de listas a nivel local.

A diferencia de estas dos experiencias, en la CABA el frente UNEN utilizaría las PASO para dirimir las candidaturas en todas las categorías. Si bien la categoría de legisladores porteños no se encuentra regida por una legislación electoral que contemple el sistema de elecciones primarias, se estarían buscando los mecanismos como para utilizar los resultados de agosto para distribuir cargos en la boleta local.
Para las categorías de Senador Nacional, la fórmula ganadora no distribuirá cargos con las otras. Quien gane la elección primaria referenciará al frente en la elección general de octubre. Para la categoría de Diputados Nacionales, se utilizaría un sistema de Representación Proporcional, D'hont con umbral del 22% (relativamente alto) que le permitirá participar del reparto de lugares en la lista a aquellas fuerzas que superen ese porcentaje de la totalidad de los votos al frente.

Tanto la decisión de someter a las elecciones primarias la definición de todos los lugares en las boletas, como los parámetros de su reglamentación, le otorgan a este frente una amplitud impensable algunos meses atrás, tanto de cara a la sociedad como entre los conglomerados que se asocian internamente para ocuparlos.
El hecho de poder resolver la distribución de lugares a través de las primarias, le permitirá al frente trabajar sobre las coincidencias y la construcción de consensos, dejando el lugar de las diferencias para la competencia institucionalizada en la elección de agosto.
De la capacidad política de ese frente para procesar este doblé desafío, de reconocerse a la vez como parte y como unidad, dependerá tanto la contención de la totalidad de los votos de la elección de agosto en la elección de octubre (e incluso el incremento de su caudal electoral entre la primaria y la general) tanto como su perdurabilidad como frente parlamentario una vez terminada la contienda.
Claro está que el factor "éxito" aportará a amalgamar lo mismo que el factor "fracaso" a disgregar...
Ya veremos.


jueves, 6 de junio de 2013

PASO vs. tradición





El 12 de junio cierra la posibilidad de inscripción de Alianzas y Frentes para la elección legislativa de Octubre de 2013. Ese es el último día para que las fuerzas políticas dispuestas conformar frentes, lo inscriban formalmente. Los frentes inscriptos tendrán la posibilidad de dirimir las candidaturas en las internas primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) de agosto definiendo su propio reglamento en cuanto a la forma en que serán distribuidos los lugares en la lista.
La herramienta que proponen las PASO no están siendo contempladas en su máxima potencialidad en el marco de una cultura política habituada a la resolución de candidaturas puertas adentro de las oficinas de gobernantes u otros tipos de liderazgos políticos.
¿Por qué? ¿Cómo podría considerarse? ¿Colabora este mecanismo con la construcción de frentes, alianzas, coaliciones y acuerdos?
Si bien se puede considerar negativamente que este tipo de herramientas irrumpe en el monopolio de los partidos políticos sobre la definición de sus candidatos (permitiendo por ejemplo la elección de un candidato de una fuerza política por un votante afiliado a otra fuerza política) hay otras aristas que nos permiten afirmar, positivamente, que facilitan y legitiman la conformación de frentes y coaliciones. Por un lado, las PASO resuelven uno de los principales problemas a la hora de conformar frentes en nuestro país otorgando un mecanismo público de definición de candidaturas legitimadas por el voto directo y obligatorio del conjunto de la ciudadanía. Por otro lado, deja a criterio de los partidos que integran los frentes la definición de su estructuración: la promoción de la proliferación de listas, o su desaliento y la promoción en su lugar, de conglomerados puertas adentro del frente o coalición, a través del establecimiento de un “reglamento del frente” que establezca la forma en que finalmente se conformarán las listas para la elección general.
Por ejemplo, si el reglamento de un frente implicara un sistema de representación proporcional (RP) como el D’hondt, para la conformación de la nomenclatura final, estaría promoviendo la proliferación de listas ya que el orden de la elección iría otorgando, en la mayoría de los casos, un intercalado de candidatos de acuerdo al lugar en que os partidos que conforman el frente salieron en la PASO. Por Ejemplo  A, B, C y D conforman un frente con un reglamento que reparte 10 cargos en la lista final a través del uso de sistema D’hondt sin umbral. Si a saca 1000 votos, B 600, C 550, D 350, los lugares en la lista se repartirían de la siguiente manera:

Lugar 1
A
Lugar 2
B
Lugar 3
C
Lugar 4
A
Lugar 5
D
Lugar 6
A
Lugar 7
B
Lugar 8
C
Lugar 9
A
Lugar 10
B

Si con el mismo ejemplo de los partidos A, B, C y D el reglamento del frente estableciera, en cambio un sistema de Mayoría y Minoría (por ejemplo con el 70% de los cargos para la mayoría y el 30% de los cargos para la minoría) los dos partidos más débiles (C y D en el ejemplo anterior) se quedarían sin lugar en la lista, lo que impulsaría al conjunto de los partidos a reunirse en dos grandes grupos o conglomerados para disputar la mayoría y minoría de los lugares en la lista y no quedarse sin representación en ella.

Lugar 1
Coalición A
Lugar 2
Coalición A
Lugar 3
Coalición B
Lugar 4
Coalición A
Lugar 5
Coalición A
Lugar 6
Coalición B
Lugar 7
Coalición A
Lugar 8
Coalición A
Lugar 9
Coalición B
Lugar 10
Coalición A

Incorporar las posibilidades que el sistema PASO le otorga en forma de legitimidad y estructuración a la conformación de frentes de mayorías en un sistema como el nuestro, en el que existen muchos partidos y en el que la estabilidad de los frentes se vio históricamente amenazada a la hora de discutir listas o enfrentar procesos electorales internos, es un desafío pendiente para las fuerzas políticas de nuestro país y sobre todo para aquellos que las lideran.

jueves, 10 de enero de 2013

la máquina de picar carne




Una vez que metemos cualquier corte de la sagrada patrona del asado criollo por la "picadora de carne", lo transformamos inmediata y uniformemente en “carne picada”. No vamos a negar que "carne picada" hay de mucho tipos, mas grasosas, mas nobles, mas cutres, etc. Hay sin lugar a dudas una variedad innumerable de procedencias, pero todas se uniforman a la hora de la verdad, en el momento del: “déme un kilo de carne picada” en la respuesta del carnicero (cuando la hay) “¿de común o de especial?”

Pasada por la fatídica maquina, cualquier corte vacuno pasa automáticamente a ser a lo sumo, “picada común” o “picada especial”.


Lejos de restringir su uso a la carnicería y de ir con el tiempo quedando obsoleta, como toda otra máquina utilizada por el hombre, la “picadora de carne” se extiende a diario a los confines más extraños de nuestra fauna nacional, haciendo “carne picada” en todos los ámbitos que alcanza, aún en los más inhóspitos.


De un tiempo a esta parte resulta casi imposible escaparle a la discusión “especial" vs. "común” planteada allí donde la maquina comienza a hacer estragos. Es realmente difícil (sino imposible) esquivar ese debate por estos días. Para algunos, lo más sencillo es internalizar la meta-discusión y apasionarse detrás de las banderas de la “común” o de la “especial” llegado el caso. Así la “picadora de carne” avanza sin cesar, cual agujero negro, absorbiendo todo lo que tenga a su paso y transformándolo en simple, lisa y llana “carne picada”.


El otro día leía a un tipo (llamémoslo Cuadril para seguir la analogía) que intentaba reflexionar en este sentido. Cuadril lo pensaba desde nuestra cultura futbolística, se refería a nuestro boca-river a nuestra rivalidad eterna, esa de la que somos parte aún sin simpatizar ni por boca ni por river. Obviamente esta reflexión estaba cargada de críticas a la “picadora de carne”, pero también les repartía a los férreos defensores, tanto de la “común”, como de la “especial”.


Cuadril debía estar contento con sus escuetas líneas, pero subestimó la potencia y la vigencia de la “máquina picadora” y horas más tarde, devino en una masa de igual peso y volumen pero de “carne picada”. Con solo presionanar, todo corte es convertible, solo es una cuestión de fuerza, cuestión de forzar, cuestión de empujar.


Así que ya saben, anda cerca la “maquina picadora” son días de “carne picada”, de “común” vs. “especial”, no hay espacio para nada mas, ni un poco de espacio, así que abran el freezer o el congelador y guarden los lomos, las entrañas y las tiras de asado, que siempre que llovió, paró y ya va llegando el día en que muy de a poco iremos sintiendo las inevitables ganas y el incontenible deseo de comernos, todos juntos, un suculento asado.

jueves, 30 de agosto de 2012

unidos y dominando


Difíciles de entender, de comprender y de aprehender son las situaciones conflictivas. Desde algún punto de vista, son extremadamente aprovechables en sentido individual y colectivo. A veces los conflictos derivan en cambios rotundos y grandes modificaciones del "statu quo". Pequeñas revoluciones surgidas de grandes conflictos, rupturas, quiebres fragmentaciones, disputas y partos.
Pero a veces queridos amigos, no. A veces los conflictos solo despiertan rivalidades, despiertan el mas crudo de los egoísmos, la mas cruel de las envidias y el mas encendido de los odios.
No es por definición el conflicto solo el momento del parto, a veces confundimos el parto con la muerte, con la muerte como figura de aquello que esta totalmente despojado de vida, aquello que ha perdido razón de ser y de sentir.
Los lazos que unen a los seres humanos, aquellos que se enlazan por afinidades, por deseos, por afectos y por sentidos y visiones sobre lo que nos pasa, son, a mi criterio, el lugar desde el que hacer fuerza, el lugar en donde poner el esfuerzo y no el lugar para forzar.
El lugar para forzar somos siempre nosotros mismos, nuestras relaciones nos trascienden.
Entiendo que a veces, determinado nivel de crisis con nosotros mismos nos lleve a un egoísmo voraz y que esto toque y retoque nuestros lazos, pero mis muy queridos amigos, no sin culpa, nunca sin culpa ni sin responsabilidad de dañar todo aquello que importa, todo aquello que considero una parte esencial de la vida, una parte sin la que, sinceramente no vale la pena seguir.
Todo deterioro es permanente, pero no insalvable, solo requiere de un instante, de un clik en el que uno vuelve a reconsiderar que mierda hacemos todos acá (en lugar de que hace uno acá)?
Si no estamos para nosotros, difícilmente podamos estar para nosotros mismos.